La fascitis plantar es una de las causas más frecuentes de dolor en el talón del pie. Se produce por la inflamación o degeneración de la fascia plantar, una banda gruesa de tejido fibroso que recorre la planta del pie desde el calcáneo (hueso del talón) hasta la base de los dedos. Su función principal es mantener el arco del pie y absorber el impacto que se genera al caminar, correr o saltar.
Aunque tradicionalmente se ha hablado de inflamación, estudios actuales señalan que, en muchos casos, la fascitis plantar es un proceso degenerativo crónico del tejido, especialmente cuando el dolor persiste más de tres meses. Esta lesión es muy común tanto en personas deportistas como en población general, y puede afectar de forma importante a la calidad de vida.
«En la fascitis plantar es fundamental identificar y corregir la causa de la sobrecarga, no solo tratar el dolor. Un abordaje personalizado, combinando fisioterapia, ejercicio y corrección de factores biomecánicos, permite resolver la mayoría de los casos sin necesidad de cirugía» – Dr. Garcés, especialista en Cirugía Ortopédica y Traumatología con especial dedicación a pie, tobillo y rodilla.
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Cada caso es valorado de forma individualizada por nuestro equipo de especialistas en Cirugía Ortopédica y Traumatología para diagnosticar la fascitis plantar con la mayor precisión y tratarla con los mejores resultados.
Se recomienda consultar con un profesional sanitario cuando:
Un diagnóstico precoz permite iniciar el tratamiento adecuado y evitar que la lesión se cronifique.
El síntoma principal de la fascitis plantar es el dolor en la planta del pie, localizado generalmente en la zona interna del talón. Sus características más habituales son:
No suele acompañarse de enrojecimiento ni hinchazón visibles, lo que a veces retrasa la consulta médica.
La fascitis plantar suele ser el resultado de una sobrecarga repetida de la fascia plantar. Entre las causas y factores de riesgo más frecuentes se incluyen:
El diagnóstico de la fascitis plantar es fundamentalmente clínico, basado en la historia del paciente y en la exploración física. El especialista valorará:
En situaciones concretas o cuando el dolor no mejora con el tratamiento, también pueden solicitarse pruebas de imagen:
El tratamiento de la fascitis plantar es, en la mayoría de los casos, conservador y progresivo. Más del 80–90 % de los pacientes experimentan una mejoría significativa sin necesidad de cirugía. El abordaje debe adaptarse a cada persona en función de la duración de los síntomas, la intensidad del dolor y los factores de riesgo asociados.
La fisioterapia es un pilar fundamental en el tratamiento de la fascitis plantar, tanto en fases iniciales como en casos persistentes. Su objetivo es reducir el dolor, mejorar la función del pie y corregir los factores biomecánicos que perpetúan la lesión.
Los programas de fisioterapia suelen incluir:
La constancia y la correcta ejecución de los ejercicios pautados son claves para el éxito del tratamiento.
En pacientes que no mejoran con las medidas anteriores, el especialista en Cirugía Ortopédica y Traumatología puede valorar otras opciones:
En casos de fascitis plantar crónica, más de 3-6 meses, resistente a los tratamientos conservadores, la radioterapia a bajas dosis puede ser una alternativa eficaz y totalmente segura.
Este tratamiento consiste en la administración de dosis muy bajas de radiación, con efecto antiinflamatorio y analgésico. Se utiliza desde hace décadas en determinadas enfermedades inflamatorias benignas y ha demostrado:
La radioterapia se administra en pocas sesiones, es indolora y las dosis empleadas son muy inferiores a las utilizadas en tratamientos oncológicos. Su indicación debe realizarse siempre de forma individualizada, tras la valoración por especialistas.
La cirugía es una opción excepcional y se reserva para los casos en los que:
El procedimiento quirúrgico más habitual es la liberación parcial de la fascia plantar de manera percutánea o o mínimamente invasivas.
Aunque la cirugía puede ser eficaz, no está exenta de riesgos y requiere un periodo de recuperación, por lo que su indicación debe valorarse cuidadosamente de manera individual.
Aunque no siempre es posible evitar la fascitis plantar, se pueden adoptar medidas para reducir el riesgo de aparición o de recaídas:
Revisado por el equipo médico de Cirugía Ortopédica y Traumatología