Artrosis

¿Qué es?

La artrosis es una enfermedad crónica y degenerativa de las articulaciones. Se caracteriza por el desgaste progresivo del cartílago articular, el tejido liso y elástico que recubre los extremos de los huesos y permite que se muevan entre sí sin fricción.

Cuando este cartílago se deteriora, los huesos comienzan a rozar directamente, lo que provoca dolor, rigidez, inflamación y pérdida de movilidad. Con el tiempo, la artrosis puede afectar también al hueso subyacente, los ligamentos, la cápsula articular y los músculos cercanos.

Es la enfermedad articular más frecuente, especialmente a partir de los 50 años, y puede afectar a cualquier articulación, aunque es más habitual en rodillas, caderas, manos, columna vertebral y pies. Aunque no tiene cura definitiva, existen muchas opciones de tratamientos eficaces para poder realizar una vida normal.

¿Cuándo consultar al especialista?

Se recomienda consultar con un profesional sanitario (médico de atención primaria, traumatólogo o reumatólogo) cuando:

  • El dolor articular es persistente y no mejora con medidas simples.
  • Aparece limitación funcional que interfiere con la vida diaria o el descanso nocturno.
  • Existe rigidez, inflamación o deformidad progresiva de una articulación.
  • El dolor empeora rápidamente o aparece tras un traumatismo.
  • Se requieren analgésicos de forma continuada para controlar los síntomas.

Un diagnóstico y abordaje precoz permiten aliviar el dolor y mantener la funcionalidad.

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Cada caso es valorado de forma individualizada por nuestro equipo de especialistas en Cirugía Ortopédica y Traumatología para diagnosticar la artrosis con la mayor precisión y tratarla con los mejores resultados.

¿Cuáles son los síntomas de la artrosis?

Los síntomas de la artrosis suelen aparecer de forma progresiva y pueden variar en intensidad según la persona y la articulación afectada. Los más frecuentes son:

  • Dolor articular, que suele empeorar con el movimiento o el esfuerzo y mejora con el reposo.
  • Rigidez, especialmente por la mañana o tras periodos de inactividad, que suele durar menos de 30 minutos.
  • Pérdida de movilidad y dificultad para realizar actividades cotidianas (caminar, subir escaleras, abrir un frasco, vestirse).
  • Crujidos o chasquidos al mover la articulación (crepitación).
  • Inflamación leve o sensación de articulación “hinchada”.
  • Deformidades articulares en fases avanzadas.
  • Debilidad muscular alrededor de la articulación afectada.

La intensidad del dolor no siempre se correlaciona con el grado de daño visible en las pruebas de imagen.

Causas y factores de riesgo

La artrosis es una enfermedad multifactorial. No existe una única causa, sino una combinación de factores:

Factores de riesgo más importantes de la artrosis

  • Edad: es el principal factor. El riesgo aumenta con los años.
  • Sexo: es más frecuente en mujeres, especialmente tras la menopausia.
  • Sobrepeso y obesidad: incrementan la carga mecánica sobre articulaciones como rodillas y caderas.
  • Predisposición genética: antecedentes familiares aumentan el riesgo.
  • Sobrecarga o uso repetitivo de determinadas articulaciones (trabajos físicos intensos, deportes de impacto).
  • Lesiones articulares previas, como fracturas, esguinces graves o cirugías.
  • Alteraciones anatómicas (desalineaciones, displasias).
  • Algunas enfermedades metabólicas o inflamatorias.

Estos factores pueden acelerar el desgaste del cartílago y favorecer la aparición de la enfermedad.

¿Cómo se diagnostica la artrosis?

El diagnóstico de la artrosis es fundamentalmente clínico, basado en:

  • Historia clínica detallada: síntomas, evolución, limitación funcional y factores de riesgo.
  • Exploración física, valorando dolor, movilidad, deformidad y fuerza muscular.

Para confirmar el diagnóstico o valorar la gravedad, se pueden solicitar:

  • Radiografías, que muestran signos característicos como estrechamiento del espacio articular, osteofitos (picos óseos) o cambios en el hueso.
  • Pruebas por imagen en carga en 2D y 3D. El uso de sistemas avanzados de radiodiagnóstico nos permite valorar la articulación en la posición de carga en los 3 planos del espacio.
  • Resonancia magnética, en casos concretos, para evaluar cartílago y tejidos blandos.

No existe una prueba única que diagnostique la artrosis; el diagnóstico se realiza integrando todos estos datos.

¿Cómo se trata?

El tratamiento de la artrosis es individualizado y tiene como objetivos aliviar el dolor, mejorar la función. Combina medidas no farmacológicas, medicamentos y, en algunos casos, cirugía.

Medidas no farmacológicas para la artrosis:

  • Ejercicio físico adaptado: fuerza, movilidad y resistencia.
  • Pérdida de peso, si existe sobrepeso.
  • Fisioterapia y rehabilitación.
  • Educación para proteger la articulación y mejorar la ergonomía.

Tratamiento farmacológico para la artrosis

  • Analgésicos (como paracetamol).
  • Antiinflamatorios no esteroideos (AINE), por vía oral, bajo control médico
  • Infiltraciones intraarticulares
  • Infiltraciones intraarticulares (corticoides, ácido hialurónico y Plasma Rico en Plaquetas) en casos seleccionados. La infiltración de Plasma Rico en Plaquetas de alta concentración permite realizar el tratamiento con 1 sola sesión, a diferencia de la mayor parte de métodos de plasma rico en plaquetas cuyo tratamiento se realiza en 3 sesiones.

Radioterapia a bajas dosis

La radioterapia a bajas dosis es una opción terapéutica no invasiva que puede considerarse en casos seleccionados de artrosis, principalmente cuando existe dolor persistente y no se ha obtenido una respuesta adecuada con otros tratamientos conservadores.

Consiste en la aplicación de dosis muy bajas de radiación ionizante, muy inferiores a las empleadas en el tratamiento del cáncer, dirigidas de forma precisa a la articulación afectada. Su objetivo no es eliminar la artrosis, sino reducir el dolor y la inflamación asociados a la enfermedad.

Diversos estudios han demostrado que este tipo de radioterapia puede ejercer un efecto antiinflamatorio, modulando determinados mediadores del dolor y la inflamación a nivel local. En pacientes adecuadamente seleccionados, puede conseguir mejoría del dolor y de la función articular, con un perfil de seguridad favorable.

La radioterapia a bajas dosis:

  • Se administra de forma ambulatoria.
  • No requiere anestesia ni ingreso hospitalario.

Su uso suele reservarse para situaciones concretas, tras una valoración individualizada por el equipo multidisciplinar, en colaboración con especialistas en Radioterapia. Como el resto de tratamientos actuales de la artrosis, no modifica el curso de la enfermedad, pero puede ser una alternativa eficaz para el control del dolor en determinados pacientes.

Tratamiento quirúrgico

En fases avanzadas, cuando el dolor y la limitación son severos y no responden a otros tratamientos, puede valorarse la cirugía, como la prótesis articular, que ofrece excelentes resultados en muchos pacientes.

Es el punto realmente más importante de todos. Sería interesante poder decir algo de prótesis de cadera, de rodilla y de rizartrosis. Se podría poner un enlace, para hacer un texto como este para las prótesis.

¿Cómo se previene?

Aunque no siempre se puede evitar, es posible reducir el riesgo y retrasar su aparición con medidas sencillas:

  • Mantener un peso saludable.
  • Realizar actividad física regular, evitando el sedentarismo.
  • Fortalecer la musculatura y cuidar la movilidad articular.
  • Evitar sobrecargas repetidas y posturas incorrectas.
  • Tratar adecuadamente las lesiones articulares.
  • Adoptar hábitos de vida saludables desde edades tempranas.

La prevención y el tratamiento precoz son claves para convivir con la artrosis de forma activa y con buena calidad de vida.